Decodificando el lenguaje ancestral del yoga

Chakras, bandhas, mudrās, nāḍīs… Palabras que, si practicas yoga habrás escuchado alguna vez, pero que en mi caso no tenían sentido.

Desde hace más de 25 años estudio y practico yoga, y poco a poco me fui dando cuenta que muchas veces repetía conceptos como un papagayo, sin saber realmente lo que los antiguos yogis querían decir.

Hasta que comprendí que lo que estaba repitiendo era un lenguaje ancestral y simbólico que usaron esas personas para describir reacciones fisiológicas y mentales, para las que ahora tenemos términos que entendemos.

Comprender ese lenguaje le da una comprensión inmensa a todo lo que ellos descubrieron, si no sabes de qué hablas, das pie al dogmatismo y a la superstición, que por desgracia también existe en el universo del yoga.

Considero que hacer esa traducción no es menospreciar su herencia: es exactamente lo contrario. Es como acudir a un intérprete cuando te hablan en un idioma que no dominas. No pierdes el mensaje, lo comprendes.

De hecho, cuanto más profundizo en esta traducción, más me asombra lo que encontraron; En una demostración de que el ser humano tiene una capacidad inmensa de autoconocimiento cuando se lo propone, descubrieron, nombraron y sistematizaron reacciones fisiológicas y cerebrales siglos antes de que existiera la palabra neurociencia.

Es por eso que desde hace un tiempo me estoy dedicando a descodificar ese lenguaje, para entenderlo, y traducirlo a personas contemporáneas que practican conmigo.

Hace unas semanas terminamos un retiro en el que nos aproximamos al Tantra como origen del Haṭha Yoga.
Una de las cosas que más resonó en el grupo fue precisamente eso: entender que las técnicas que practicamos no eran rituales simbólicos. Eran tecnología aplicada al cuerpo.

Uno de los objetivos que buscaban los yogis era hacer ascender una energía a la que llamaban kuṇḍalinī por unos canales llamados nāḍīs.

Traducido a nuestro lenguaje, lo que los yogis querían hacer, entre otras cosas, era regular el sistema nervioso con cada práctica, y llegar a lo que llamamos coherencia del sistema nervioso autónomo. Un estado en que el cuerpo puede responder con precisión a lo que ocurre, sin sobre activarse, ni colapsar.

Lo que resulta extraordinario es que, por ejemplo, tenían técnicas concretas para estimular el nervio vago, que es el cable principal de comunicación entre el cerebro y todos los órganos. Una señal de seguridad enviada al sistema nervioso central, que ellos no lo llamaron “estimulación vagal”, lo llamaban sellar el prāṇa. Pero describían exactamente lo mismo.

¿Por qué importa conocer eso?

Porque las personas vivimos crónicamente sobre estimuladas. Nuestro sistema nervioso lleva encendido demasiado tiempo y muchas hemos perdido la capacidad de apagarlo. No es solo estrés: es desregulación que afecta al sueño, a la digestión, a la inflamación, a la capacidad de concentrarse, de sentir calma, de estar presentes.

El Haṭha Yoga tántrico tenía una respuesta muy precisa para eso: usar el cuerpo como herramienta de regulación, no como demostración de flexibilidad.

Si te ha interesado este artículo y te perdiste el último retiro, en septiembre hay otra convocatoria en la que seguiremos descodificando el leguaje ancestral.
Esta vez nos adentraremos en la palabra chakra, trabajando con el método de Kuṇḍalinī Tantra creado por Satyananda.
Y le pondremos nuestras palabras para comprender que los chakras no son flores de loto de colores flotando en el cuerpo —por muy hermosa que sea esa imagen—, son áreas de convergencia de varios sistemas corporales: el endocrino, el muscular, el orgánico. Zonas que tenemos la capacidad de percibir, y de reconocer cuando están en desequilibrio.

¿Te animas?
Tendrá lugar del 25 al 27 de septiembre.

Descubre la unión del yoga tradicional con el yoga contemporáneo en el corazón de Madrid.

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